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Javier de Haro, psicólogo: “Cuando tus hijos se ponen tus zapatos no están simplemente jugando, sino explorando quiénes son”

Explica en sus redes cómo un gesto tan cotidiano como que un niño se ponga los zapatos de sus padres refleja su desarrollo emocional y su necesidad de pertenencia

En los primeros años de vida, los niños aprenden imitando el mundo que les rodea. Cada gesto cotidiano, cada palabra o movimiento de los adultos se convierte en una oportunidad de descubrimiento.

Aunque a simple vista parezca una travesura sin importancia, ponerse los zapatos de los padres es un juego lleno de sentido. Así lo explica el psicólogo Javier de Haro, especialista en crianza y desarrollo familiar, que comparte a menudo sus reflexiones sobre infancia y vínculos familiares en redes sociales, especialmente en Instagram (@javierdeharopsicologo) y en TikTok, donde divulga con humor y claridad temas sobre educación emocional.

“¿Te has fijado que a los niños entre los 2 y los 5 años les encanta ponerse tus zapatos y caminar por casa?”, plantea De Haro en sus redes. “Se juntan tres cosas: están en plena fase exploratoria, lo imitan absolutamente todo y, además, el juego simbólico está en plena ebullición y les sirve para comprender mejor el mundo”, explica el psicólogo en una de sus publicaciones.

Lejos de ser un gesto inocente, este comportamiento encierra una gran carga emocional y psicológica. Según el especialista, cuando los niños se ponen los zapatos de sus padres no están jugando sin más, sino ensayando su papel dentro del universo adulto. “Jugando a ser mayor, exploran su identidad. Pasa del plano de ‘soy un niño’ al de ‘soy papá’ o ‘soy mamá’. Y, al notar las diferencias, empieza a construir su propio sentido de quién es”, señala.

Además, esta práctica fortalece el vínculo emocional con los progenitores. “Te parecerá una locura, pero al compartir tus zapatos el niño siente que pertenece aún más a tu mundo”, explica De Haro. La imitación no solo es una forma de aprendizaje, sino también de conexión: a través de ella, los pequeños se sienten seguros, reconocidos y parte del entorno familiar.

El experto insiste en que este tipo de experiencias también potencian la empatía y la comprensión social. “Al imitarte entienden mejor cómo actúan los demás, cómo se comportan los mayores y también aprenden, literalmente, a ponerse en los zapatos del otro”, comenta con ironía. Es, en definitiva, un entrenamiento temprano en empatía y comprensión emocional, dos habilidades esenciales para la vida adulta.

De Haro invita a los padres a mirar estas escenas con ternura y conciencia. “La próxima vez que los veas caminando torpemente con tus zapatos gigantes, no se los quites”, aconseja. “No solo están jugando: están dando pasos para construir quiénes son y quiénes serán”.

En su enfoque de crianza respetuosa y consciente, el psicólogo recuerda que los pequeños gestos cotidianos —como un juego o una imitación— esconden las lecciones más profundas. Y que, a veces, basta con mirar con calma para entender que el crecimiento también ocurre en los momentos más simples.

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