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España se llena de chopos: el árbol que se ha convertido en el nuevo oro verde

Su madera vale el doble que la del pino y crece el triple de rápido. Con 81.000 hectáreas plantadas, el chopo se consolida como la nueva joya del bosque español y una alternativa sostenible al eucalipto

Hay árboles que crecen en silencio y otros que lo hacen haciendo ruido económico. El chopo, tan común en los paisajes del norte peninsular, pertenece a la segunda categoría. En los últimos años se ha convertido en el árbol más rentable de España, una especie de la que depende buena parte del futuro forestal e industrial del país.

Para entender su auge hay que viajar a León, epicentro de lo que ya se conoce como el “boom de las choperas”. Allí, entre las riberas del Órbigo y el Esla, crece la madera que terminó en lugares tan insólitos como el Venus, el superyate de Steve Jobs. Sí: la cocina del barco que el fundador de Apple no llegó a estrenar se fabricó con chopo leonés. Un detalle que resume bien el salto de este árbol de lo rural a lo global.

España cuenta hoy con unas 81.000 hectáreas de chopos cultivados para producción, lo que la sitúa como uno de los líderes europeos en populicultura —el cultivo industrial del chopo—. Aunque la superficie no ha aumentado de forma drástica en los últimos años, la mejora genética y las nuevas técnicas de plantación han multiplicado su productividad. Según datos del sector, el rendimiento medio por hectárea se ha disparado en la última década

Se paga al doble

La clave del cambio está en la demanda. El chopo se paga el doble que el pino y tres veces más que el eucalipto, según la ingeniera forestal Flor Álvarez Taboada, entrevistada por La Voz de Galicia.

Su madera, ligera pero resistente, se utiliza para fabricar tableros, muebles, envases o elementos de construcción sostenible. Y en un contexto de transición ecológica, su huella ambiental favorable lo ha convertido en una materia prima codiciada.

El desafío, sin embargo, no es plantar más, sino hacerlo mejor. El modelo forestal español está muy fragmentado: muchas parcelas pequeñas, dispersas y sin coordinación. “Una plantación de cincuenta chopos no es viable; se necesitan al menos dos o tres hectáreas”, advertía Álvarez Taboada. Por eso, los expertos piden asociaciones de propietarios que permitan planificar, compartir recursos y negociar con la industria en condiciones de escala.

Más allá del negocio, el chopo tiene algo que los técnicos valoran: repara el paisaje. Crece rápido, fija carbono y mejora la calidad del suelo y del agua, especialmente en zonas ribereñas. A diferencia de otras especies, no degrada el entorno y favorece la biodiversidad local. En un país donde el eucalipto ha generado polémica por su expansión descontrolada, el chopo se perfila como una alternativa sostenible y de alto valor añadido.

El resultado es un cambio de paradigma: España podría convertirse en una potencia maderera si consigue organizar su territorio forestal. La populicultura, esa palabra que suena a tecnicismo, es en realidad una oportunidad económica y ambiental que ya están aprovechando regiones como Castilla y León, Aragón o La Rioja.

Puede que dentro de unos años, cuando viajemos por carretera, el paisaje no esté dominado por olivos ni pinares, sino por filas de chopos rectos y brillantes, plantados con precisión de ingeniería. Si el futuro tiene forma de bosque, en España ese bosque empieza a tener nombre propio.

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